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FE · Fenómenos

Radiestesia: qué mide un zahorí y qué no

Qué busca un radiestesista con varillas o péndulo, qué ensayo sometió el método a prueba entre 1986 y 1988 y qué concluyó su reanálisis publicado.

Por Un Mundo MisteriosoPublicado 954 palabrasFE-003

Una mesa de trabajo de museo local con una pieza metálica sin identificar sobre papel de archivo, una lupa, una regla y una ficha de registro en blanco, iluminada por luz de ventana lateral.

La radiestesia es la práctica de localizar agua, metales o yacimientos mediante varillas en forma de L o un péndulo que se mueven en las manos de quien las sostiene. El expediente científico sobre el método es antiguo y está cerrado en un punto concreto: cuando el operador no puede ver ni deducir el objetivo por otra vía, el acierto no supera el azar. Lo que sigue abierto es por qué el instrumento se mueve de todos modos.

Qué hace exactamente un radiestesista con varillas o péndulo

La herramienta no se mueve sola. Las varillas en L se sujetan sueltas, con margen para girar al menor cambio de tensión en la muñeca, y el péndulo cuelga de un hilo que amplifica el temblor de los dedos. El movimiento que se observa es real y se puede filmar; lo que está en discusión es su causa, no su existencia.

De dónde viene la práctica: la minería del siglo XVI

El uso de varillas para localizar vetas metálicas en minas queda documentado en «De Re Metallica» (1556), del médico y mineralogista alemán Georgius Agricola. El texto describe el procedimiento entre los mineros de Sajonia y Bohemia, con la varilla conocida en alemán como Wünschelrute, y ya entonces discute si el movimiento depende del operador o del subsuelo. Agricola recoge la controversia del propio gremio minero de su tiempo: algunos maestros de mina confiaban en la varilla para decidir dónde abrir una galería, otros la rechazaban y sostenían que un minero prudente encuentra las vetas por los signos naturales del terreno. Cuatro siglos y medio después, el expediente sigue abierto en el mismo punto.

El mecanismo que explica el movimiento sin intervención del subsuelo

Uno de los primeros en someter el instrumento a un control experimental fue el químico francés Michel-Eugène Chevreul, que en 1854 publicó «De la baguette divinatoire, du pendule dit explorateur et des tables tournantes». En ese libro recoge los ensayos que había hecho él mismo con un péndulo: oscilaba con claridad mientras podía verlo, y se detenía casi por completo en cuanto se vendaba los ojos. De ahí concluyó que el movimiento dependía de la vista y de la expectativa del operador, no del objeto buscado.

Un año antes, en 1853, el físico y químico británico Michael Faraday había investigado un fenómeno emparentado: el giro de mesas en sesiones espiritistas. En una carta publicada en The Times, concluyó que el movimiento se debía a contracciones musculares involuntarias del propio operador, no percibidas por quien las produce. Ese mecanismo, que las dos investigaciones describen por separado y que el fisiólogo William Carpenter había bautizado en 1852 como efecto ideomotor, es el que la ciencia actual aplica también al péndulo y a las varillas de radiestesia.

El ensayo de Múnich: qué se puso a prueba

A partir de 1986, el Gobierno alemán financió con 400.000 marcos un programa de pruebas dirigido por físicos de las universidades de Múnich, entre ellos Hans-Dieter Betz. En un granero acondicionado para el experimento, unos 500 candidatos pasaron una criba previa y 43 radiestesistas hicieron las pruebas finales: desde el piso superior debían localizar un tubo con agua circulante, situado en la planta baja sobre una línea de diez metros, cuya posición cambiaba en cada intento sin que el operador pudiera verla. El equipo original defendió haber hallado algunos aciertos estadísticamente destacables.

Qué concluyó el reanálisis publicado

El biólogo James T. Enright, de la Institución Scripps de Oceanografía (Universidad de California en San Diego), repasó los mismos datos y publicó su análisis en Skeptical Inquirer en 1999. Al emparejar al azar las respuestas de los radiestesistas con las posiciones reales del tubo, obtuvo resultados indistinguibles de los reales; e incluso los «mejores» radiestesistas lo hicieron peor que quien señalara siempre el punto medio de la línea. El expediente de Múnich, citado durante años como la prueba positiva de la radiestesia, quedó anotado como ejemplo de lo contrario.

Qué usos sin comprobar siguen circulando

Pese a ese resultado, la radiestesia sigue empleándose en pozos de agua domésticos, en algunas explotaciones agrícolas y, con menos frecuencia, como método de diagnóstico de salud. Ningún ensayo publicado hasta la fecha sostiene esa última aplicación. La búsqueda de agua con varillas, cuando acierta, coincide a menudo con la lectura previa del terreno (vegetación, pendiente, humedad visible) que cualquier persona con experiencia en el lugar puede hacer sin instrumento.

Qué la distingue de otros registros de este expediente

La radiestesia comparte con otras prácticas revisadas en esta redacción el mismo punto de partida, un instrumento sencillo que amplifica un movimiento mínimo del cuerpo, pero no el mismo resultado. La grabadora y el termómetro de infrarrojos que se usan en una noche de registro en una casa documentan una señal externa al operador, medible por un segundo aparato independiente; la varilla o el péndulo de la radiestesia, en cambio, no han superado ese control en ningún ensayo publicado hasta la fecha. La diferencia no está en la creencia de quien sostiene el instrumento, sino en si existe o no una segunda medición que no dependa de su mano.

Preguntas frecuentes

¿La radiestesia tiene algún aval científico? No consta ningún ensayo controlado publicado que confirme una tasa de acierto superior al azar.

¿Por qué se mueven las varillas si no hay nada debajo? El movimiento se atribuye al efecto ideomotor, el mecanismo que Faraday describió en 1853 para el giro de mesas: contracciones musculares involuntarias que el instrumento amplifica y vuelve visibles.

¿Desde cuándo se practica? Agricola la documenta ya en la minería centroeuropea del siglo XVI.

¿Qué pasó con el ensayo de Múnich? Defendido como positivo por su equipo original, el reanálisis de 1999 publicada en Skeptical Inquirer no encontró una tasa de acierto distinta del azar.

Notas de lectura

  1. Georgius Agricola, De Re Metallica (1556)
  2. Michel-Eugène Chevreul, De la baguette divinatoire, du pendule dit explorateur et des tables tournantes, 1854
  3. Michael Faraday, carta sobre el giro de mesas, The Times, 1853
  4. James T. Enright, Testing Dowsing: The Failure of the Munich Experiments, Skeptical Inquirer, 1999

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