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Elaborado por Juan Carlos Baruque Hernández y Jesús Ángel Río Fernández

 

Dos famosos casos de abducciones.

El caso de Miguel Herrero Sierra 

Este hecho ocurrió el día domingo, 18 de Diciembre de 1977, cuando Miguel Herrero, de Alcalá de Henares (Madrid España), de 34 años de Edad, conductor de profesión, decidió ir a pescar a los pantanos de Buendía. Eran la 5:30 de la mañana cuando empredio el viaje, iba solo en su automóvil, camino en la carretera todo era normal, hasta llegar al cruce con la 
carretera de Peñalver, siendo aún de noche, de repente se le apagaron todos las luces de su vehículo, en un principio penso que se habían quemados los fusibles del sistema eléctrico, luego se extraño por que también estaban apagadas las luces del tablero, que funcionan con un 
sistema independiente a las luces exteriores, al bajar del vehículo para revisar los fusibles se dio cuenta que estaban en perfecto estado, al ignorar que era lo que sucedía decidió sacar el vehículo del camino para no provocar un accidente, ya que todavía era de noche. Una vez con el vehículo fuera de la carretera, encendió la calefacción, con el fin de esperar allí hasta el 
amanecer y seguir luego hasta Sacedón.  
Entones fue cuando vio en el campo, como a veinte metros, una gran sombra que en un principio pareció una casa, pero el ya conocía el lugar y sabía que no existía casa alguna, penso que podía ser un camión estacionado, sin darle mayor importancia, vio un haz de luz dirigido directamente hacia el parabrisas de su automóvil, al mismo tiempo que alguien le  gritaba, «Oiga... oiga... Señor, el del automóvil.»  
Miguel H. se sobresaltó pero en seguida penso que se podía tratar de alguien pidiendo  ayuda desde el vehículo. Así que bajo y se dirigió hacia  la luz, al ir acercándose se dio cuenta que no se trataba de un vehículo, puesto que tenia medidas mucho mas grandes que cualquier camión u otro vehículo terrestre conocido por el, se detuvo y comenzó a percibir un olor parecido al de un pinar en las mañanas, pero el olor era tan fuerte que le provoco náuseas y mareos; pero cayo al suelo ya que entre la bruma vio   a dos hombres vestidos con ropas blancas que se 
acercaban.

El caso de Heriberto Garza Medina

 El hecho ocurrió en la ciudad de Puebla, México. Una noche en la que Heriberto G. se encontraba solo en su casa, sentado en la cama, en pijama, viendo la televisión. De repente, vio en frente de él a un individuo alto, rubio de buena presencia, que lo miraba fijamente. No sintió miedo; Únicamente le asalto la duda de como aquel sujeto había logrado entrar a su casa, pues 
ya todas las puertas estaban cerradas. Resulto que el individuo era un Extraterrestre y que venia a invitarlo a dar un paseo por el espacio. Le prometió que no le pasaría nada y que dentro de un rato estaría de vuelta. Heriberto estuvo de acuerdo y sólo le pidió unos instantes para 
poder vestirse. El visitante le dijo que no hacía falta, porque nadie lo vería. Heriberto insistió, pues vivía en una calle bien céntrica y, aunque ya era muy tarde, no quería encontrarse con ningún conocido que lo viese en pijama. Al salir de la casa pudo darse cuenta de que, en realidad, nadie los veía, porque ¡eran invisibles! Cuando iban por la acera, le dio un codazo a un 
transeúnte, para  comprobar cómo reaccionaba y observó cómo el sujeto miraba a todas partes para ver quién lo había golpeado, pero no veía a nada. Efectivamente lo llevaron a dar un paseo por el espacio. Pudo, en pocos instantes, contemplar la Tierra desde un gran distancia, y al 
cabo de un rato, acompañado siempre por el extraño visitante, estaba de nuevo en su casa. A partir de entonces, entabló una buena relación con sus  amigos los «Extraterrestres». 
Con el tiempo Heriberto decía seguir teniendo contacto con sus amigos, pero cada vez sus facultades mentales se iban deteriorando ( Es importante destacar, que era una persona culta, y que tenia a su cargo dos fabricas de cerámicas.), y al poco tiempo desapareció sin dejar rastro 
alguno, por más que se trato de encontrar su paradero, no se encontró ninguna pista, incluso ni siquiera su propio hijo, se puede explicar como desapareció su padre. 

 

Aunque no perdió la conciencia no podía caminar, y estos hombres lo sujetaron fuertemente por brazos y lo llevaron a ese extraño vehículo, a partir de ese momento  para Miguel H. todo es muy confuso. El recuerda haber estado dentro, solo unos 10 a 15 minutos, 
cuando en realidad fueron tres horas  dentro del vehículo, cilindrico, que parecía un sombrero, con una pequeña puerta corredera, que la abrirse se ilumino toda la parte inferior del artefacto, excepto un anillo al rededor « lo que serian las alas del artefacto », Miguel teniendo de referencia su propio cuerpo de 1,65 metros, calculó las dimensiones del artefacto:  
-La nave media unos 10 metros desde la base del cilindro hasta el techo, el cilindro inferior, media unos 3 metros y medio  de altura por unos 3 de diámetro. -La sala donde el estaba media unos 16 a 18 metros de diámetro. 
-El anillo o «alas» podría medir de 2 a 3 metros. La cabina de los pilotos era una pieza circular de entre 10 a 18 metros de diámetro, iluminada 
con luz blanca proveniente del techo y las paredes. 
Alrededor de las paredes ( cinco), separados por una especie de mostradores transparentes, de unos 2 metros y medio de largo, por 1,80 metros  de ancho y 1,80 de alto   , dentro del cual  había una cama de 90 centímetros de ancho y dos pequeños armarios metálicos. En cada consola un sinfín de luces y palancas. Frente a la consola, por encima del aparato de TV, la 
pared se hacia transparente a voluntad del operador. 
 La tripulación estaba compuesta por 16 Humanoides, de aspecto exactamente igual al nuestro. Pero la sorpresa más grande fue cuando uno de los que controlaba la nave se dio vuelta hacia el y fue como si estuviera viéndose al espejo. El tripulante media alrededor de 1,60 
metros de cabellos castaños y ojos azules, eran tan parecidos que incluso la cicatriz que Miguel tenia en la mejilla izquierda, este humanoide la presentaba a la derecha. Miguel dio un paso hacia delante para tocarlo y asegurarse de que no era un reflejo, pero el que parecía ser el jefe 
se lo impidió, diciéndole que no lo tocara, ya que era  su negativo y esto haría que los dos se destruyeran. Miguel H. confesó que al principio no supo asimilar lo que le estaba ocurriendo, ya que en solo unos minutos se había visto envuelto en un sinfín de acontecimientos extraños, y tenia la 
sensación de que en cualquier momento los nervios le iban a estallar. Y como si hubiesen adivinado sus pensamientos el que estaba a su lado le dijo: «No te esfuerces, pues si alguien no te lo explica, no lo entenderías nunca.».

Miguel Herrero, mientras todo el tiempo que estuvo en la nave no articulo ni una sola palabra, y menos estos seres, Pero en los oídos de Miguel las palabras resonaban como si estuvieran teniendo una conversación normal. Miguel pudo recordar lo que le hablaron dentro de la nave:
Que ellos y la nave se desmaterializaban a su propia voluntad, Que no llevaban armas, ya que no las necesitaban porque sólo con crear un campo magnético al rededor de la nave nadie podría acercarse; le explicaron vienen a este planeta desde hace 3.000 años, y que la ruta la encontraron de casualidad, también dijeron que aquí se encontraron con que vivían gentes del espacio exterior, y más específicamente que en el Perú habían vivido otras razas de seres extraterrestres; que estaban realizando experimentos para crear una raza que se fusionara con la raza terrestre.

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