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Durante siglos, la visión de aparente sentido
común de que el
Sol y otros
planetas giraban alrededor de la Tierra no se cuestionó, hasta que
durante el Renacimiento, Nicolás Copérnico propuso el modelo
heliocéntrico del Sistema Solar. Su trabajo fue defendido, divulgado y
corregido por Galileo Galilei y
Johannes Kepler.
Galileo añadió la novedad del
uso del telescopio para mejorar sus observaciones. La disponibilidad de
datos observacionales precisos llevó a indagar en teorías que explicasen
el comportamiento observado. Al principio sólo se obtuvieron reglas ad-hoc,
cómo las leyes de movimiento planetario de
Kepler,
descubiertas a principios del siglo XVII. Fue Isaac Newton, con la idea
de extender a los cuerpos celeste la gravedad terrestre (Ley de la
gravitación universal) el inventor de la mecánica celeste el que explicó
el movimiento de los planetas, consiguiendo unir el vacío entre las
leyes de Kepler y la dinámica de Galileo. Esto también supuso la primera
unificación de la astronomía y la física (véase Astrofísica).
Tras la publicación de los
Principia
de Isaac Newton (que también desarrollo el telescopio reflector), se
transformó la navegación marítima. A partir de 1670 aproximadamente, el
mundo entero fue medido utilizando instrumentos modernos de latitud y
los mejores relojes disponibles. Los requerimientos de la navegacion
supusieron un empuje para el desarrollo progresivo de observaciones
astronómicas e instrumentos más precisos, constituyendo una base
creciente de datos para los científicos.
A finales del siglo XIX se
descubrió que, al descomponer la luz del Sol, se podían observar
multitud de líneas de espectro (regiones en las que había poca o ninguna
luz]. Experimentos con gases calientes mostraron que las mismas líneas
podían ser observadas en el espectro de los gases, líneas específicas
correspondientes a diferentes elementos químicos. De ésta manera se
demostró que los elementos químicos en el Sol (mayoritariamente
hidrógeno) podían encontrarse igualmente en la Tierra. De hecho el helio
fue descubierto primero en el espectro del Sol y sólo más tarde se
encontró en la Tierra, de ahí su nombre.
Se descubrió que las estrellas
eran objetos muy lejanos y con el espectroscopio se demostró que eran
similares a nuestro propio sol, pero con una amplia gama de
temperaturas, masas y tamaños. La existencia de nuestra galaxia, la Vía
Láctea, como un grupo separado de estrellas no se demostró hasta el
siglo XX, junto con la existencia de galaxias externas, y poco después,
la expansión del universo, observada en el efecto del corrimiento al
rojo. La astronomía moderna también ha descubierto una variedad de
objetos exóticos como los quásares, púlsares,
radiogalaxias,
agujeros negros, estrellas de neutrones, y ha utilizado estas
observaciones para desarrollar teorías físicas que describen estos
objetos. La cosmología hizo grandes avances durante el siglo XX, con el
modelo del
Big Bang
fuertemente apoyado por la evidencia proporcionada por la astronomía y
la física, como la radiación de fondo de microondas, la Ley de Hubble y
la abundancia cosmológica de los elementos químicos.
Durante el siglo XX, la
espectrometría avanzó, en particular como resultado del nacimiento de la
física cuántica, necesaria para comprender las observaciones
astronómicas y experimentales.
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