La biblioteca olvidada

Biblioteca de Olmedo

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Olmedo es una de las localidades de la provincia de Valladolid a la que le precede una larga e interesante historia.
Las calles y vías de esta Villa están vestidas de un envidiable número de monumentos y actividades culturales que, a lo largo del año, hacen de Olmedo un atractivo lugar para el turismo cultural y educativo.

Sus iglesias, conventos, palacios y museos se ven protegidos por un amurallar romano del siglo XI del que se conserva, en muy buenas condiciones, una tercera parte.

Uno de los monumentos más enigmáticos y atractivos de este pueblo, tanto por su antigüedad e historia como por los “fenómenos anómalos” que en ella suceden, es la biblioteca municipal.

Olvidada en el mundo del misterio hoy día, en el pasado reciente fue lugar de investigaciones para diversas personalidades reconocidas en el campo de lo paranormal. Los extraños sucesos que, según testigos, allí ocurrían llegaron a tener repercusión a nivel nacional. El reconocido Iker Jiménez y el programa “Cuarto Milenio”, allá por el año 2008, se propusieron realizar una investigación en esta biblioteca solicitando el pertinente y necesario permiso a las autoridades del momento. Dicho permiso les fue tajantemente denegado.


Historia

Quizás hablar un poco del pasado y de la historia de este edificio nos ayude a explicar la actividad supuestamente “paranormal” que, a mi entender, sigue simbolizando los silencios literarios que llenan sus estantes.

La biblioteca, compuesta de dos plantas que casi rodean un patio interior ahora techado, en tiempos del Medievo fue Cárcel Real cuyos calabozos aprisionaban reos de toda clase, índole y condición. Algunos de estos reos eran interrogados con las “técnicas persuasivas” del momento, siendo ajusticiados después.

Durante la guerra civil española retomó su condición de cárcel, aprovechándola el bando dominante en la zona para encerrar, interrogar y torturar a los capturados del bando contrario.

En la Torre del Reloj (edificio de tres plantas del siglo XIV (1387) anexo a la biblioteca. Hoy día sala de exposiciones) se ubicó el Tribunal de la Real Chancillería. Posteriormente pasó a ser lugar donde se dirimían los pleitos, tanto civiles como criminales, de los vecinos de la Villa y Tierra.

A principios de la década de los noventa las reformas realizadas dieron lustre renovado a los ladrillos mudéjares que configuran las estructuras de las ya unidas edificaciones, eliminando definitivamente los antiguos calabozos y dependencias de pena y castigo; ahogando en el olvido las silenciosas pruebas físicas, de dolor y de tormento, que de las paredes pudieran emanar.

Esta negra historia de los dos edificios puede que te haga percibir por momentos, amigo lector, una mínima idea de la tristeza que en el frío ambiente de sus estancias reside debido, posiblemente, al sufrimiento que encerraron.

Los hechos que a continuación se describen están basados en acontecimientos reales y los nombres que aparecen en ellos ocultan a las personas que, aún teniendo el valor de contar su experiencia, prefieren guardar un anonimato comprensible para su convivir diario en el pueblo.


Los sucesos

Fue en el año 2000 cuando tuve conocimiento de que en el número doce de la Plaza Mayor de la Villa de Olmedo, se venían sucediendo extraños sucesos, en su mayoría, de carácter inexplicable. Pero no fue hasta ocho años después, cuando me enteré de lo que exactamente estaba pasando en el lugar.

Susana, una empleada municipal de la biblioteca de Olmedo en aquella época y sabedora de mi aficionada curiosidad por lo insólito, diría yo curiosidad innata, me llamó por teléfono para ponerme en antecedentes sobre las raras circunstancias que se estaban desarrolando en su lugar de trabajo. Al término de la conversación me pidió por favor que, en cuanto pudiera, me acercase a la biblioteca.

Al día siguiente por la tarde acudí a la cita. Una vez allí, me encontré con las dos trabajadoras del lugar, Susana y María. Con ellas estaba jorge, un vecino del pueblo también amigo mío, y que venía con las intenciones de contrarme sus experiencas en el lugar.

Susana, la mayor de los tres, me contó que hacía varios meses aquellas “insólitas anomalías” habían ido aumentando y repitiéndose en todo el edificio. Ella empezó a darse cuenta del asunto el día que se encontró, antes de abrir las puertas de la biblioteca al público, un libro abierto encima de una mesa fuera del estante donde debiera haber estado. A partir de entonces, libros abiertos y fuera de su sitio o cambiados de estantería era lo habitual al llegar al trabajo.

Aquella situación empezó a desesperarle cuando tampoco encontraba en su lugar correspondiente, y en ningún otro lugar, algunas fichas del registro de préstamo de libros. Un tiempo después y sin lógica alguna, las fichas volvían a estar en la casilla habitual del clasificador.

Siguió narrando Susana como todos los días, a las nueve de la noche, se producía un tipo peculiar de sonido en el techo de la primera planta justo por encima de su mesa de trabajo. Aquel sonido, según sus palabras, era el característico producido por el rebote de una pelota de golf al caer desde lo alto y con una intensidad audible descendente a medida que disminuía el rebote.

No todos los días pero sí la mayoría de ellos y coincidiendo siempre con la hora de cierre, María confesó que sentía miedo en la zona infantil situada la planta baja, cuando en el piso superior oía arrastrar por el suelo algo parecido a un sonido metálico y, a la vez, el característico sonar de una bolsa de plástico al ser estrujada entre las manos.

Continuó María contando que los ordenadores se reiniciaban cuando “les daba la gana” y que muchas mañanas, al llegar a trabajar, estaban encendidos a pesar de haber sido concienzudamente apagados la noche anterior.

Una de las “extrañas anomalías”, que allí sucedían y que despertó más mi curiosidad, fue lo que acontecía en los servicios situados bajo las escaleras que dan acceso a los pisos superiores de la Torre del Reloj. Se llegó a la conclusión de que una de las puertas de la zona de caballeros se cerraba “sola”, con cerrojo y por dentro, tras haberse descartado la posibilidad de que nadie lo hubiera podido hacer en persona. La primera vez que la puerta quedó cerrada vino el cerrajero y la abrió. La segunda vez, cuando el profesional llegó, la puerta estaba abierta de par en par y así sucedió las siguientes veces; la puerta se cerraba y se abría sola.

Pero el más sorprendente de los “sucesos paranormales”, que allí sucedían, fue el llamado “Ricitos de Oro”. Varios jóvenes de la localidad, algunos de ellos en más de una ocasión, aseguraban ser testigos de una extraña aparición. Fue graciasa Jorge cómo conocí los hechos de primera mano.

Jorge recordaba algo angustiado que el día que su hija menor por primera vez le habló de lo que veía en el lado derecho del techo de la zona infantil, el mundo se le vino encima. Con tan solo cuatro años de edad, la pequeña afirmaba ver la cabeza de un niño de tez pálida con el pelo largo, muy rubio y rizado. Esta aparición sonreía plácidamente sin pronunciar palabra alguna y a los pocos segundos se difuminaba paulatinamente hasta desaparecer. Curiosamente, el punto donde se aparecía "Ricitos de Oro" coincidía con la zona de la planta superior donde está situada la mesa de Susana y con la parte del tejado donde todos los días ella, a las nueve de la noche, oía el rebotar de una pelota de golf.

Así pues, querido lector, no olvides que Olmedo es un lugar muy atractivo además de por su historia, su cultura y sus monumentos por una vieja, insólita y enigmática biblioteca que, olvidada en el mundo del misterio, día tras día abre sus puertas, al son de la Torre del Reloj, a cuantos visitantes quieran perderse entre las letras que llenan sus estantes y, mientras la imaginación navega por un mundo de fantasía, ten cuidado si a las nueve de la noche, tú también, amigo mío, oyes el rebotar de una pelota de golf.

Biblioteca de Olmedo por:

JCBaruque Hernández