AMÉRICO VESPUCIO

El origen del nombre de América

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Américo Vespucio

Viajero y geógrafo florentino

Tal vez muchos sabréis que el nombre de América fue debido al viajero y geógrafo florentino Américo Vespucio... Pero, ¿por qué el nombre de América? Sigan leyendo y lo averiguaran...

Imagen: unmundomisterioso.com Empecemos por el principio. Tras la llegada y “descubrimiento” de un nuevo continente por Cristóbal Colón, algo de lo que él no tuvo ni idea, Imagen: unmundomisterioso.com la actividad descubridora en España no dejó de cesar. Así pues, y dejando a un lado los otros viajes de Colón, los Reyes Católicos (foto) en 1499 permitieron la salida de nuevas expediciones para completar la misión colombina abriendo las Indias recién descubiertas a particulares. Entre 1499 y 1502 zarparon de la Península varias expediciones de <<descubrimiento y rescate>> con el objetivo de buscar en la zona aún no localizada que permitiera el paso de aquellas nuevas tierras para poder dar y llegar a las islas de las especierías, las famosas islas Molucas. Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa, que ya habían estado con Colón en La Española y tenían experiencia en el Caribe, organizaron la primera de estas expediciones, en la que participó el geógrafo florentino Américo Vespucio. Entre mayo de 1499 y mayo de 1500, esta expedición exploró la costa de la actual Venezuela, aunque allí tuvieron que enfrentarse a una dura resistencia indígena que condicionó sus malos resultados, sobre todo económicos.

Cierta curiosidad a modo de anécdota:
¿Saben por qué el nombre de Venezuela? Lo primero, el nombre de Venezuela es también culpa de Américo Vespucio. Vespucio, tras aquella expedición, llamó a aquel territorio Pequeña Venecia o Venezuela tras ver que los indígenas de aquel lugar vivían en palafitos (viviendas donde los pilares o simples estacas o casas en el agua, son construidas sobre cuerpos de aguas tranquilas como lagos o lagunas, aunque también son construidas en tierra firme o a orillas de mar), lo que le recordó a Venecia...


Sígamos el viaje

Poco después, Vespucio volvió a América, pero esta vez al servicio del rey de Portugal, y recorrió toda la costa brasileña. Imagen: unmundomisterioso.com Después de aquel viaje, Vespucio se ufanó en una carta de 1504 a su amigo Pier de Solderini de haber descubierto la cuarta parte del mundo de la que hablaba Ptolomeo (la quarta pars), distinta a Europa, Asia y África. Posteriormente, como verán más adelante, fue el clérigo alemán Martín Waldseemüller, quien trabajaba en la publicación de la Geografía de Ptolomeo, quien se hizo eco de aquel descubrimiento de Vespucio, y en su homenaje decidió darle el nombre de América.

Aquel nombre de aquel Nuevo Mundo, de esa quarta pars incorporada al universo conocido por los europeos, se popularizó rápidamente, ya que en 1507 se habían hecho seis ediciones de los ocho volúmenes de la obra de Ptolomeo. Hasta ahí bien, ¿no? Pero, ¿por qué América y no Américo? Veamos...

¿América o Américo?

Las peripecias de un nombre

Durante mucho tiempo, en Europa, las gentes solían pronunciar y escribir los nombres extranjeros según la fonética y entonación de su propia lengua. Un apellido inglés o francés no tenía el mismo sonido en España que en Italia o Alemania, y por tanto cada uno lo escribía y pronunciaba a su manera... Así pues, tenemos los ejemplos del navegante genovés Giovanni Gaboto quien en Inglaterra era conocido como Johan Cabot; o el del portugués Fernão de Magalhaes, quien en Francia era llamado Magellan, mientras que aquí, en España, su nombre era pronunciado como Magallanes. En España podemos encontrar multitud de estos ejemplos: el cardenal francés Pierre d´Ailly es Pedro Aliaco; el cronista italiano Pietro Martire d´Anghiera es Pedro Mártir de Anglería; Niccolo Macchiavelli es el famoso Nicolás Maquiavelo... y hasta el genovés Christoforo Colombo pasó a la lengua española como Cristóbal Colón.

Con Américo Vespucio pasó igual. Si bien nació en Florencia en 1454 bajo el nombre de Amerigo Vespucci, el mundo de habla hispana lo trasfiguró en Américo Vespucio. Sin embargo, en vida del navegante florentino, su nombre dio tantas vueltas y revueltas que vale la pena enumerarlas aquí.

Amerigo Vespicci fue bautizado en la iglesia de Sancta Lucia di Ognissanti el 18 de marzo de 1454. Es curioso que llevase aquel nombre, ya que pese a los usos de la época y a la extrema religiosidad de su familia, no era aquél un nombre que apareciera en el santoral cristiano. Amerigo es una deformación toscana del nombre godo Amalarico, que a su vez proviene de Aymerillot y de Amaury. Pero además, el propio Amerigo no soñaba que de ahí en adelante, por razones de pronunciación, por mera torpeza o simplemente a causa de la anarquía ortográfica de la época, su nombre y su apellido serían distorsionados hasta el hartazgo.

En documentos pertenecientes a los siglos XV y XVI, es posible hallar al menos una veintena de formas distintas de escribir su nombre. Aquí os dejo algunos de ellos: en una carta escrita por el piloto español Alonso de Ojeda aparece mencionado como Morigo Vespuche, aunque el mismo Ojeda, algunos años después, lo llama Emerigo Vespuche; Hieronimo Vianello, secretario del embajador florentino en España, lo nombra como Almerigo Vespuchi; el propio Cristóbal Colón (foto), en una carta dirigida a su hijo Diego, Imagen: unmundomisterioso.com se refiere al florentino como Amerigo Vespuchy; de igual modo, en una carta escrita por el cardenal Cisneros, aparece como Amerrigo Vespucio; algo más tarde, Francazio de Montalboddo, en su libro Paesi novamente ritrovati, lo deformará aún más llamándolo Alberutio Vesputio, lo cual parece causar una suerte de "arrastre" de errores, pues de ahí en adelante algunos otros lo mencionarán como Alberico Vesputio; pero aún hay más... el embajador veneciano Lunardo Ca Masser va aún más lejos y le inventa otro nombre, pues en una carta escrita de su puño y letra, Amerigo es mencionado como Francesco Amerigo, sin que haya razón aparente que justifique ese primer nombre; otro embajador veneciano, Francesco Corner, lo deformará un poco más al llamarlo Almerico. Así pues, y algún tiempo después, cuando el rey Fernando el Católico le concede el título de piloto mayor de España, dicta una cédula real en la que lo nombra Amerigo Despuchi. Por si fuera poco, un poco después, otra cédula real le asigna un sueldo de 50.000 maravedíes al año y allí aparece como Amérigo de Espuche. Y por si fuera poco, ese mismo día le es otorgado un aumento de 25.000 maravedíes, pero su nombre, tal vez escrito por otro secretario, aparece ahora como Amérigo Vispuche.

Naturalmente, a toda esta colección de errores es preciso añadir las muchas formas verbales de pronunciación, que suman otras tantas variantes al ya deformado Amerigo. En Sevilla, por ejemplo, donde las gentes del pueblo se guiaban por oídas y fonéticas, el navegante florentino era conocido como Espuche, Vespuche, Espuchi, Bespuche, Bespuchio y otras tantas formas similares...

Pero todavía hay más

Se sabe que durante muchos siglos el idioma latino fue utilizado como una suerte de lengua universal entre los círculos ilustrados. Los más grandes pensadores y poetas solían escribir sus obras en aquel idioma inmortal, como el mismo César, Virgilio, Séneca... Muchos de ellos, asimismo, gustaban de latinizar su propio nombre, como si llamarse Erasmus en vez de Erasmo comportara mayor celebridad y prestigio. Pues bien, Amerigo no escapó a esta tradición, y una vez más su nombre fue objeto de mezcolanzas, revoltijos y mutaciones. Por ejemplo, en la Cosmographiae introductio, el librito en que los monjes del monasterio de Saint Dié bautizaron a América en su honor, Imagen: unmundomisterioso.com se lo llama Americu Vesputiu. El anteriormente mencionado Matin Waldseemüller (foto), el autor del mapa que acompaña al libro, escribe su nombre como Americi Vespuci. Giovanni del Giocondo, al traducir los viajes de Amerigo al latín, se refiere a él como Alberic Vespuccius, Americi Vesputti, Albericus Vespucios y demás variantes...

Todo esto que he expuesto aquí no habla del habitual maniqueo de copistas, traductores e impresores y, por supuesto, del escaso interés de los copistas de aquellos años por mantener las formas correctas del lenguaje y la escritura. Pero además, sugiere la extraña conclusión de que solo por casualidad el Nuevo Mundo ha recibido el nombre de América. Cuando el monje Martin Waldseemüller bautizó de ese modo a las Indias Occidentales, tenía ante sus ojos una carta de Vespucci traducida al latín en la que éste figuraba como Americu Vesputiu. De ahí que pensara en llamar América al nuevo continente... Pero, ¿por qué América y no Américu? Fácil, solo tenía que feminizar el nombre de Americu, del mismo modo que Europa y Asia habían recibido sus nombres de mujeres.

Es decir, América recibió su nombre de casualidad, ya que Martin Waldseemüller, tal y como han leido, podía haber tenido ante sí cualquier otra de las decenas de variantes del nombre de Amerigo, en cuyo caso el continente conocido como América podría haberse llamado Americia, Alberica, Albericia, Almeriga, Almerica, Ameriga, Amerriga... y tantos otros nombres.

Jorge Barroso Castilla


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